



Cuando con 15 años mis amigos que soñaban con ser escritores algún día querían parecerse a
Hemingway, y los amantes del cine querían imitar a
Ingmar Bergman, yo no quería ser
Velázquez, ni
Rembrandt, ni
Miguel Ángel, yo quería ser
Hugo Pratt. Hoy ya sabemos que tanto
Hemingway como
Bergman están sobrevalorados. Pero
Pratt sigue siendo
Pratt. Y es que, como decía
Milo Manara, "
Pratt es
Pratt, es
Pratt, es
Pratt". Tanto que acabó haciéndolo personaje de uno de sus tebeos ("
H.P. y Giussepe Bergman").
Y es que, aunque su dibujo tenía todas las papeletas para no gustarme nada (líneas muy simples, trazos de pincel aislados rompiendo grandes masas blancas, viñetas sin apenas detalle...) primero sus guiones de
Corto Maltés, y luego el descubrir que la aparente falta de detalle en realidad no era tal, que la labor de documentación era ingente, y que su dibujo tan esquemático era una abstracción y mostraba sus influencias de las shilouettes del XVIII o el teatro de marionetas indio, me hizo tener mi Epifanía.
A
Pratt lo descubrí gracias a las revistas infantiles italianas (como el
Corriere de Ragazzi) que traía mi padre de sus viajes, y que incluían tebeos del propio
Pratt,
Hernández,
Battaglia,
Toppi, y un montón más que luego serían mundialmente conocidos.
Posteriormente Norma lanzó en España toda la serie de
Corto y alguno de sus otros álbumes (V
erano Indio, Wheeling...), e incluso publicó los
Cortos coloreados, lo cual me cabreó bastante. Simplemente se añadieron tintas planas a cada viñeta, no sé si para atraer a más público o para venderlos más caros, rompiendo el encanto del blanco y negro original de
Pratt.
A mí me extrañaba que en los cómics de
Corto Maltés hubiera viñetas que se repetían variando tan sólo los diálogos, algo que contravenía todo lo que parecía ser el lenguaje cinematográfico del tebeo. Y que parece ser exclusivo de los guiones creados por el propio
Hugo, ya que en otras series distintas a las del marino maltés no aparecen estas repeticiones.
Y es que
Pratt no sólo consiguió crear un arquetipo único universalmente reconocido (
Corto), sino que sus extravagantes guiones repletos de personajes que aparecen y desaparecen como por arte de magia, la presencia de lo esotérico (
Boca Dorada, chamanes indígenas, derviches, brujos indios que hablan distintas lenguas en sus trances...), la cuidada ambientación de cualquier zona del mundo de la época 1900-1930, los pequeños detalles históricos soltados como miguitas de pan en cada capítulo, hacen que enseguida te sientas al timón de su velero rumbo a la Escondida, su isla de atraque. Lo que no evita que haya auténticas
idas de olla como el volumen de "
MU" y algún otro.
Y es que todos hemos querido ser
Corto en algún momento u otro de nuestras vidas. Aunque una relectura no tan entusiasta nos muestra el maniqueísmo de los álbumes de
Corto Maltés, y las constantes contradicciones del propio
Corto, ¿a quién le importa cuando puedes recorrer los Mares del Sur, y tener a las más bellas mujeres entregándote su corazón?
¿Hay que hablar de sus mujeres? O malas malísimas (y más inteligentes que sus enemigos) o
femme fatale por las que uno daría todo, y que sin embargo siempre prefieren a
Corto (y aún así es imposible sentirse celoso del audaz marino). ¿Cómo no enamorarse de una dicesiesañera como
Pandora Groovesnore más valiente y firme que muchas adultas? ¿O de la peligrosa
Shangai-Li, tan atractiva como mortífera?
Pratt hace tiempo que nos dejó, tras una vida que el propio Hemingway hubiera deseado, casi tan azarosa como la de su principal personaje. Pero
Corto, como un
Hamlet, o un
Quijote, va a seguir mucho tiempo entre nosotros.